Invitado escribió "En una comisaría del centro de Madrid un sacerdote se automutila ante los ojos atónitos de los presentes. Una periodista es elegida por él para ser el confesor que necesita y poder expiar todos los pecados que le angustian. Ese es el punto de partida a una serie de asesinatos que desconciertan al inspector Martínez y a su ayudante, la subinspectora Marga. Pero, ¿quién está realmente detrás de los horrendos crímenes? ¿Son las confesiones del padre Eduardo la llave para abrir una nueva caja de Pandora? Las confesiones portan en su pasado una terrorífica sentencia. Su propia locura. Aunque, ¿puede un solo hombre ser el causante de tanta locura? Las apariencias engañan y nadie está libre de sospecha.
“Una novela de misterio, de amor, de lucha. Una novela desgarradora e inteligente”
Lo primero que llama la atención es la personalidad de la prosa, limpia y correcta. También es apreciable el esfuerzo que realiza para cambiar de estilo cuando quien narra es un personaje ( las cartas del padre Eduardo, que se transcriben e intercalan con la narración en tercera persona, pero también se aprecia en los diálogos).
La estructura es clásica, muy canónica. Se inicia la novela con un hecho impactante, como es la presencia de un sacerdote en una comisaría, que se corta la lengua y confiesa atroces crímenes. Para esclarecer el hecho la policía se moviliza de inmediato y contacta con la periodista Gisela, que es la única con la que el padre Eduardo quiere hablar. Las entrevistas de Gisela con el demente padre (recuerdan un poco a las de Jodie Foster con Hannibal Lecter en El silencio de los corderos) y las lecturas de las cartas del padre, unidas a la aparición de dedos cortados y de cadáveres, marcan los pasos hacia el desenlace, también clásico.
El autor lleva con soltura la trama hasta su desenlace. Está muy bien estructurada, se nota que el autor ha estudiado bien su composición y la aparición de nuevos sospechosos y evidencias.
Los personajes están tratados con cariño. El autor, pese a las limitaciones que impone el genero, describe bastante bien sus vidas personales, que además tienen que ver con la trama. Gisela esta embarazada y en un noviazgo con un tal Josep, y es amiga de un gay dueño de un local que tendrá relevancia en la acción. También hay una pareja de policías, relacionados con una amiga de Gisela y una psiquiatra del caso, respectivamente. El toque morboso lo pone el complejo y enloquecido padre Eduardo,tanto a través de sus conversaciones como de sus cartas. Con respecto a estas destacar que se emplea un estilo delirante acorde con el de un enfermo mental, hasta tal punto que hay casi que descifrar lo que dice, o leer entre líneas. Utiliza palabras desusadas y expresiones arcaicas, e incluso frases incomprensibles. Todo eso ayuda a crear el necesario ambiente truculento y enfermizo. El cura ese realmente da miedo, parece muy loco. Está muy logrado.
Aunque las historias de fondo incluyen perversiones sexuales, violaciones, homosexualidad y demás, y hay numerosos crímenes bastante brutales, el autor tiene el buen gusto de no recrearse en ello, ni siquiera en el morbo que podrían despertar las anómalas relaciones sexuales del padre Eduardo y su disfuncional familia.
En resumen, una novela negra más que digna, dentro de los cánones, que encantará a los adictos a este género que deseen emociones fuertes. Toda una sorpresa.
"