edicionpersonal escribió "El pequeño gusano Gussín cae un día de la manzana en la que vive con sus padres y hermanos. De pronto, se encuentra en un lugar desconocido para él y no sabe cómo volver a casa con su familia. Durante varios días recorre los campos y huertos cercanos a su hogar topándose con todo tipo de animales, algunos más amables que otros, que le guiarán en su camino de vuelta a casa. "
Enviado por heathcliff el Friday, 28 May a las 07:03:23 (172 Lecturas)
(Leer más... | Puntuación 0)
EL JEQUE BLANCO. UN ESPAÑOL EN EL SAHARA (Julio Magdalena Calvo)
edicionpersonal escribió "Esta novela supone un puente entre culturas tan próximas y tan alejadas: Sáhara, Marruecos, España. Una mezcla explosiva y de candente actualidad. Es un viaje duro, real y sincero, pero positivo, siguiendo los inciertos pasos de Yaser, un hombre que intenta encontrarse a sí mismo.
Julio Magdalena Calvo (Madrid, 1949) es un funcionario de carrera que compagina sus labores públicas con el oficio de escritor. Hasta la fecha, ha escrito numerosos artículos, cuentos y narraciones cortas, y ha publicado libros de distintos contenidos como son Mis soledades compartidas, El directivo con sentido (del humor, claro) y La creatividad liberadora (Editorial Alfonsípolis), El Cuencacuentos (Diputación Provincial de Cuenca) y El cartero de Cuenca siempre llama dos veces (edición personal). En la actualidad está preparando un libro de cuentos ilustrados para adultos, la continuación de El cartero… y una novela de intriga cuya trama transcurre en la corte del rey Felipe IV."
Enviado por heathcliff el Friday, 28 May a las 07:03:08 (167 Lecturas)
(Leer más... | Puntuación 0)
Siempre desee ver traducido al castellano este aclamado título que sirvió de inspiración a Jean-Claude LAuzon para realizar su obra maestra Léolo. Subyugado por su lectura ha pasado a ser uno de mis libros de cabecera. He anotado como tema AVENTURAS, pero realmente es un DRAMA, escrito con mucho HUMOR y SARCASMO y una fuerte dosis de REBELION. El intenso amor que Berenice Einberg siente por su madre no se ve compensado. Por lo que arremete no solo contra ella, sino contra la familia, la religión y la sociedad en general, tomando la IMAGINACION como única arma; con solo un imperdible podría demoler todo un edificio.
Al igual que las criaturas de Salinger, el personaje de esta novela, Bérénice Einberg, es una niña prodigio, disertadora, actriz, políglota, multinstrumentista, bailarina, experta en montar y desmontar armas de un solo vistazo. Ella misma se llega a declarar "agresivamente apátrida, perdidamente sin origen. Solo siento nostalgia por un sitio. Y a ese sitio se accede por la grieta de donde salté." De su mano y de la de su autor, atravesamos el libro de las maravillas, saltando del relato oral a la fábula, del ars lirica al ars dramaticae y la retórica, del libro de las Crónicas y de Ester al Calígula de Camus, pasando por los clásicos y la mitología, leyendas y hazañas de todos los tiempos y toda clase de cuentos, finamente sazonado con guiños y referencias a Celine, Descartes, La Fontaine, Flaubert, Proust y Poe, entre otros. Una novela no más erudita que divertida, no más triste que llena de amor. De exilio en exilio, de renuncia en renuncia, Berenice Einberg perderá el último bastión de su inocencia en la guerra de Israel. Todo empieza en una isla, en mitad de un río. Un puente ferroviario la cruza. La abadía donde viven parece "un cervatillo durmiendo entre las patas de un elefante". Textos extraídos de la contraportada del Libro.
"
Enviado por heathcliff el Monday, 15 March a las 23:29:57 (477 Lecturas)
(Leer más... | Puntuación 0)
ÁLVARO Y LOS EULUZ EN EL JARDÍN DE LAS ANALOGÍAS (Yadira Mo
Desde la experiencia de la risa Euluz, que renueva las ciudades, los ríos, las galaxias, el pensamiento, las relaciones, el amor… me dedico a la escritura de temas fantásticos, por medio de los cuales quiero expresar la magia del universo a ti y a todos los jóvenes de La Tierra. Mi estado mental, mi modo de ser y de existir están alineados en una hermosa relación con vosotros. En contacto con la fuente del universo, donde están vuestros jóvenes corazones, permanezco junto a vuestras manos abiertas para recibir y compartir mutuamente este maravilloso conocimiento. Sois aves mágicas. En vuestras alas, lo esencial siempre está en vuelo, expandiéndose y renovándose en perfección. Me seguís instruyendo, os doy las gracias… y ánimo con la risa Euluz.
SINOPSIS
Después de tres décadas de ausencia, Antonio Alameda regresa a Ciudad Dorada con su nueva familia. Sin embargo, nada más terminar el curso, su hijo Álvaro, de diez años, cae preso de una extraña fiebre y permanece cuatro días con delirios. Cuando Álvaro se recupera, le explica el sueño a su padre. Y, en ese momento, Antonio se da cuenta de que su hijo ha podido retroceder en el tiempo y no sólo ha soñado, sino que ha vivido los acontecimientos que él vivió con su misma edad. A partir de entonces, todo cambia para los Alameda. Antonio tiene que contarle la relación del sueño con el antes, el ahora y los secretos mágicos que la envuelven. En Porto-pléyade, Álvaro aprende la magia dorada, y con ella nombra a los maguitos de la Tierra. Juntos viven los secretos mágicos que envuelven esta fantástica y entrañable aventura.
"
Enviado por heathcliff el Thursday, 11 February a las 07:43:45 (389 Lecturas)
(Leer más... | 1859 bytes más | Puntuación 0)
“La montaña de los ojos abiertos” es un cuento para todas las edades. Desarrolla las peripecias de una niña, llamada Brisa...
“La montaña de los ojos abiertos” es un cuento para todas las edades.
Desarrolla las peripecias de una niña, llamada Brisa, que tiene la misión de hacerle llegar una carta a un personaje imaginario en un escenario de ficción, la Montaña de los ojos abiertos (antiguo volcán Burbuja).
Brisa, quien se rodea de curiosos amigos, recibe la ayuda de otros, y se enfrenta a los peligros que desde hace siglos acechan a la Montaña, avanza rompiendo moldes y construyendo, de paso, espacios de libertad.
El autor pretende, con sus juegos de lenguaje, llamar la atención del lector, sin importarle que las situaciones así descritas rayen por momentos en el absurdo; se trata, en todo caso, de un “absurdo imaginable”, y en él descansa la originalidad de la obra."
Enviado por heathcliff el Sunday, 17 January a las 23:00:00 (316 Lecturas)
(Leer más... | Puntuación 0)
DISCUENTOS (AA.VV.)
Invitado escribió "DisCuentos. Cuentos Infantiles sobre Discapacidad (ed. El Gato de 5 Patas, 2009) es una antología dirigida por el escritor Rubén Serrano.
DisCuentos: la discapacidad en cuentos. Unos cuentos infantiles muy especiales, ya que sus protagonistas tienen diversidad funcional, término alternativo al de discapacidad o el de minusvalía, que comienza a utilizarse en España y con el que se propone una nueva visión que no es negativa, que no implica enfermedad, deficiencia, parálisis, retraso, etc. con independencia del origen patológico, genético o traumático de la diversidad en cuestión. No obstante, no se niega el hecho de que se habla de personas que son diferentes a la norma estadística y que por ello realizan algunas sus funciones de manera diferente a la media de la población. El libro trata de hacer comprender a los jóvenes lectores que esas personas a las que llamamos discapacitados son totalmente válidas; tanto como las demás. Lo que ocurre, simplemente, es que se les da mejor una cosa que otra dependiendo del tipo de discapacidad. Pero, si nos fijamos, eso es algo totalmente normal. Igual que hay personas que se les da bien el fútbol, a otras no se les da bien. Ya sea por su discapacidad o simplemente porque no tienen aptitudes para ello. Debemos pensar que las personas con discapacidad no es que sean menos válidas, como dice la palabra minusválido, ni tampoco que tengan sus capacidades mermadas, como diría la palabra discapacitado, sino que están destinadas a realizar un tipo de tareas determinadas en la vida que, como al resto de los humanos, se les dan bien. Este tipo de palabras como minusválido o discapacitado, aparentemente inofensivas, hacen daño a la gente que tiene una diversidad funcional. Y es que aún estamos muy lejos de aceptar en nuestra sociedad a las personas con problemas de movilidad o con enfermedades relacionadas con el sistema nervioso. De ahí la importancia de este libro, impulsado, promovido y coordinado por el escritor y periodista madrileño Rubén Serrano Calvo. Y es que cada cuento de esta antología, en la que participan 17 escritores españoles e hispanoamericanos, encierra una historia y brinda un mensaje de esperanza, para lograr, con el apoyo de la sociedad, no sólo la integración, sino el protagonismo de las personas con capacidades diferentes. DisCuentos, además de ser un ameno libro infantil, cumple una función muy necesaria: que los niños con diversidad funcional aparezcan en los cuentos y en el arte no como discapacitados, sino como protagonistas o personajes de una historia, independientemente de su condición de discapacitados. Unos cuentos que han sido concebidos para que los más pequeños entiendan qué significa tener una diversidad funcional y hacerles ver que un niño con discapacidad es exactamente igual que ellos mismos, abriendo así las puertas a su completa integración."
Enviado por heathcliff el Wednesday, 17 June a las 05:35:31 (1033 Lecturas)
(Leer más... | 3347 bytes más | Puntuación 0)
Vivo o muerto (Varios)
Vivo o muerto es una apuesta de Tropo Editores por recuperar para la literatura un género tan clásico como los cuentos de vaqueros. Con prólogo de José Luis Borau (un artículo publicado en Heraldo de Aragón, en 1954) y Anselmo Núñez Marqués, en Vivo o Muerto hacen su especial homenaje al Spaguetti Western autores como los premio Nadal Francisco Casavella o Felipe Benítez Reyes, el argentino Norberto Luis Romero, Hilario J. Rodríguez, José María Latorre, o los aragoneses Carlos Castán, Manuel Vilas, Mario de los Santos, Patricia Esteban Erlés y Óscar Sipán.
“Pero los vaqueros son como nosotros querríamos ser. La gracia y la originalidad son virtudes poco masculinas. Estos hombres duros, curtidos, nobles e impetuosos, hacen lo que nosotros habríamos querido hacer siempre en vez de sumar en una oficina, estudiar un texto o poner una tuerca. Son independientes, valerosos, decididos, se juegan todo a la cara de una moneda y saben cantar canciones con una guitarra. No tienen problemas amorosos, que es una de las cosas que más odiamos los hombres. Ven una muchacha al llegar al poblado y ya saben que va a ser para ellos, que les va a querer. Hasta llegar al beso final no hay otro inconveniente que vencer a los bandidos, rescatar el dinero robado o adivinar quién mató a su hermano. Es decir, problemas sencillos, de los que se pueden resolver sin andarse en zarandajas ni complicaciones. Sólo con la fuerza y la destreza”.
JOSÉ LUIS BORAU (Director, productor, guionista, actor, crítico de cine y académico de la RAE)
***** LISTADO DE AUTORES: PRÓLOGO JOSÉ LUIS BORAU Y ANSELMO NÚÑEZ MARQUÉS José Luis Borau es director, guionista, actor, productor y crítico de cine. Actualmente compagina la presidencia de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y el sillón B de la Real Academia de la Lengua Española. Con “Brandy” (1963) arrancó su carrera en el cine y en un género: el spaghetti-western. Anselmo Núñez Marqués es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Doctorado en Arte Contemporáneo. Autor del libro “Western a la europea… Un plato que se sirve frío”.
FRANCISCO CASAVELLA
Francisco Casavella inicia su trayectoria literaria a los 28 años con la novela El Triunfo (Versal, 1990, Premio Tigre Juan). A ésta le seguirán Quédate (Ediciones B, 1993), Un enano español se suicida en Las Vegas (Anagrama, 1997) y la novela juvenil El secreto de las fiestas (Anaya, 1997). Su última obra es la trilogía El día del Watusi (Mondadori, 2002), formada por "Los juegos feroces", "Viento y joyas" y "El idioma imposible", un fresco de la Barcelona, del último cuarto de siglo XX, desde el chabolismo del tardofranquismo hasta las Olimpiadas y los escándalos financieros de los 90. Fue guionista de Antártida, primera película de Manuel Huerga (1995), y en la actualidad escribe para distintos periódicos y revistas. Ha sido traducido a varios idiomas. En 2008 gana el prestigioso Premio Nadal con Lo que sé de los vampiros. Dos de sus novelas han sido llevadas a la pantalla: Volverás (Antonio Chavarrías, 2002), adaptación de Un enano español se suicida en Las Vegas, y El triunfo (Mireia Ros, 2006).
FELIPE BENÍTEZ REYES Poeta, novelista y ensayista español nacido en Rota (Cádiz). Excelente dominador del lenguaje, que abarca desde el neo-simbolismo de su primera época hasta la gran versatilidad de sus trabajos poéticos posteriores, está considerado como una de las voces más influyentes del panorama literario español. Es autor de los libros de poemas, Paraíso manuscrito (1982), Los vanos mundos (1985), La mala compañía (1989), Poesía (1992), Sombras particulares (1992, Premio Loewe), Vidas improbables (1994, Premio Nacional de Poesía 1996), Paraísos y mundos (1996), El equipaje abierto (1996) y Escaparate de venenos (2000). En todos ellos se ven influencias de los poetas de la generación del 27 (Lorca, Aleixandre, etc). Ha obtenido entre otros los premios, Luis Cernuda, Ojo Crítico, Loewe, de la Crítica y Nacional de Literatura. Su labor como novelista y ensayista es también notable, sobresaliendo su primera novela, Chistera de duende (1991). Premio Nadal 2007 por Mercado de Espejismos. HILARIO J. RODRÍGUEZ
Hilario J. Rodríguez (Santiago de Compostela, 1963) es licenciado en Filología Anglogermánica y en Filología Hispánica. Durante varios años dio clases de lengua, literatura e inglés en España, República de Irlanda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Ha ganado varios certámenes literarios y ha publicado la colección de relatos Aunque vuestro lugar sea el infierno y muy recientemente la novela Construyendo Babel (editorial Tropismos). Como crítico
cinematográfico, colabora con Dirigido por, Imágenes de actualidad o Abc, y es director adjunto de la revista Versión original. Entre sus libros, cabe destacar Eyes Wide Shut: Los sueños diurnos, Museo del miedo, Lars von Trier: El cine sin dogmas (finalista del premio al Mejor Libro del Año de la Asociación de Críticos Cinematográficos) y El cine bélico: Una propuesta de análisis (de próxima aparición en la editorial Paidós). NORBERTO LUIS ROMERO Norberto Luis Romero nació en Córdoba, Argentina (1951). Es director y profesor de cine. En 1983 publica en Editorial Noega, de Asturias, su primer libro de cuentos, Transgresiones, y en 1988 el mismo libro aparece en Argentina publicado por Alción Editora. Tras un largo silencio aparece en 1996 “El momento del unicornio”, en Ediciones Nobel, de Asturias, simultáneamente con su primera novela Signos de descomposición, en la editorial Valdemar, de Madrid, donde en 1999 publica su segunda novela “La noche del Zeppelín” y en 2002 la tercera: “Isla de sirenas”. En 2003 la novela “Ceremonia de máscaras”, en Laertes, Barcelona. En "Leaping dog press", Virginia, “The Last night of carnaval”, libro de relatos en traducción de H. E. Francis; y en 2005, "Editorial Egales" de Madrid, publica la novela “Bajo el signo de Aries”. En 2007, "Ediciones Amargord", en su colección de minilibros "1003 libros para cruzar la noche", publica el cuento Capitán Seymour Sea.
CARLOS CASTÁN
Barcelona, 1960. Es autor de los libros Frío de vivir (Zócalo, 1997; Emecé, 1997; Salamandra, 1998. Traducción al alemán: Gern ein Rebell. Nagel&Kimche: 2000), Museo de la soledad. (Espasa, 2000; Círculo de Lectores, 2001; Tropo Editores, 2007) y Sólo de lo perdido (Destino, 2008).
MANUEL VILAS Manuel Vilas nació en Barbastro en 1962. Ha publicado la novela Dos años felices y una serie de relatos sobre la vida contemporánea reunidos en La región intermedia. Es autor de los libros de poesía El rumor de las llamas, El mal gobierno, Las arenas de Libia,El cielo y Resurrección (XV Premio Gil de Biedma). Autor de las novelas Zeta, Magia y España. JOSÉ MARÍA LATORRE Nacido en Zaragoza, actualmente reside en Barcelona. Coordina la revista «Dirigido» y dirige la colección de libros «Programa Doble». Colabora en revistas y periódicos de España e Italia sobre temas de literatura, cine y música y ha escrito dieciséis guiones para televisión a partir de clásicos de la literatura fantástica. Su guión para el cortometraje "El sistema de Robert Hein", a partir de un cuento de Pere Calders, obtuvo el premio de la Generalitat catalana. Novelista, ha publicado cuentos en las revistas de España "Turia", ”Clarín” "La Mosca", "Revista de Literatura Rey Lagarto", "Quimera", "Penthouse", "Trébede", "Rolde", "Prima Littera" y www.literaturas.com (internet), y, de Portugal, "Boca bilingüe", así como en los periódicos "Diario 16" y "Heraldo de Aragón". Figura en la antología "Cien Años de Cuentos en España" (Alfaguara, 1998). Editor de los libros «Cuentos bíblicos» y «Nuevas aventuras de Simbad», y coeditor del libro «Homenaje a Giacomo Casanova». Editor del número especial de «Nosferatu» sobre la «Generación de la violencia del cine norteamericano» y “Raoul Walsh”. Traducido al polaco, italiano y catalán. Ha sido jurado en los festivales de Madrid (Imagfic), Sitges, Málaga y Zaragoza (de jóvenes realizadores) y, de 1997 a 2004, en el Premio de Novela Ciudad de Barbastro. Se ha encargado de preparar ciclos para la Filmoteca Española (dedicado al cine fantástico) y en la Filmoteca de Catalunya (sobre Nino Rota).
PATRICIA ESTEBAN ERLÉS (Zaragoza, 1972) compagina como buenamente puede su extraña adicción al papel manchado de tinta, propio y ajeno, con una existencia trágica de becaria mileurista en la Universidad de Zaragoza. Ambas circunstancias, asegura, la han convertido en la hábil ladrona de libros de cuentos que es hoy en día. Ella esgrime los siguientes argumentos para justificar un latrocinio tan especializado: “elemental, queridos, los libros de relatos son más fáciles de ocultar en el bolsillo de un abrigo e infinitamente mejores que las novelas que se escriben actualmente en aqueste país”. Espera poder robar su primer libro publicado, “Manderley en venta” (TROPO EDITORES, 2008), en cualquier gran superficie o pequeña librería de viejo, a principios del próximo año. Premio Isabel de Portugal de Narrativa 2007, Premio Universidad de Zaragoza de Narrativa 2007, Premio “Tierra de Monegros” 2007. MARIO DE LOS SANTOS Nacido en Zaragoza, en 1977. Doctor por la Universidad de Zaragoza. Autor de las novelas Al final de la cebada (Zócalo, 2004) y "Cuando tu rostro era niebla" (Onagro, 2008). Ganador del Premio de Novela Fundación 2009 con "La brújula del universo" (Huerga y Fierro, 2008). OSCAR SIPÁN. Nacido en Huesca, en 1974. Galardonado en numerosos certámenes literarios, entre los que destacan el VIII Certamen Literario Alfonso Martínez-Mena 2008, de Alhama de Murcia, el XXXV Premio Ciudad de Villajoyosa 2007, IX Premio de Libro Ilustrado para Adultos 2006, que convoca la Diputación de Badajoz, el Premio “Don Alonso Quijano 2006, Málaga, el Premio Paradores de Turismo de España 2003, el Premio Odaluna de Novela 1998 de Albacete o el XVII Premio Isabel de Portugal 2002. Autor de los libros “Rompiendo corazones con los dientes” (Premio Odaluna, 1998), Pólvora Mojada (Premio Isabel de Portugal 2003), Leyendario (2004), Escupir sobre París (2005), Tornaviajes (2006, Premio Búho), Guía de hoteles inventados (Premio de libro ilustrado para Adulto 2006, Diputación de Badajoz), Leyendario, Criaturas de agua (2007). En 2008 publicará “Avisos de derrota” (Beca de creación, Ayuntamiento de Zaragoza 2008). ***** Prólogo
Hace dos años di por concluido un afanoso e inolvidable viaje de algo más de un lustro, en el que me propuse rescatar tempranas pasiones y en ello desentrañar el misterio de mi cinefilia adolescente. Recuerdo que el planteamiento inicial estuvo cargado de incertidumbres sobre el camino a seguir, pues descarté posibilidades como la de tomar la muy lejana ruta de Alderaán o la del Planeta Prohibido -antiguos anhelos-, quizá impelido por una cuestión de modestia tecnológica o de visado. Descarté igualmente aquella otra que conducía a la recóndita floresta de Sherwood o a las más exuberantes selvas de Mompracem, tal vez porque sentí haber rebasado ya la edad de las utopías libertarias o simplemente por evitar andar entre las ramas de una ficción definitivamente ajena, atendiendo a las mutaciones de un temperamento, el mío, cada vez más escéptico y reaccionario. Fue así que decidí buscar otras añoranzas no menos arraigadas, pero más cercanas, adentrándome en el territorio proscrito del Western patrio o mediterráneo, más conocido como Spaghetti Western. Bautizado así de forma maliciosa y despectiva por quienes elevaban a la categoría de Séptimo Arte sólo aquellos productos que consideraban representativos de la tradición o bien de la innovación, si se trataba de una determinada escuela o generación definida por su progresismo ideológico. Los mismos que con alambicadas justificaciones seudo filosóficas, moralistas y recurriendo de forma impúdica a un criterio tan subjetivo como el estético, terminaron por condenarlo al ostracismo, desatando una corriente menospreciativa sin precedentes. Un clima de opinión que afectó, incluso, al gremio de realizadores europeos, al punto de que un amplio sector renegara de esa caterva de atrevidos colegas que había osado recrear aquí, en el viejo continente, la iconografía del género americano por excelencia. (Recuerdo, con menos severidad, declaraciones como las de Damiano Damiani al subrayar –por si acaso- que su película “Yo soy la revolución” no era un western, pese a utilizar sin ambages todos sus clichés, además de otros surgidos de la chistera del inolvidable Sergio Leone). Elegí, en definitiva, ese camino, por todo lo dicho y porque las exigencias de nuevos tiempos cinematográficos, marcados por el desarrollo de los denominados “efectos especiales”, terminaron relegando al olvido, a vagar por las tinieblas de la historia del cine, a un género con el estigma de impostor. Sí, sopesando motivos relacionados con el carácter, se me antojó entonces que este era un rumbo prometedor: suponía ir contra corriente, afrontar causas perdidas y frecuentar poéticas decadentes (“En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones y en el que se derramaban todos los vinos” resonaba Rimbaud). Asumí que para desmontar prejuicios y descifrar secretos habría de rehacerme a cada andanada desmitificadora. El compromiso requería convicción, la senda a seguir estaba desdibujada, pero yo conservaba en lo profundo de mi memoria y en el vértice de mi retina imágenes, y éstas me acercaban ese prurito arrebatado de infancia del que todos presumimos cuando nuestro físico nos la niega rotundamente. Como si de un viaje iniciático se tratara, me propuse participar de una historia pasada sin saber bien cómo, poniéndole a mi corazón freno y marcha atrás, para recalar en aquellas aventuras del Oeste vividas en el cine hacía treinta años. Y comencé por irrumpir en sus fotogramas rayados, visitando decorados mantenidos y rehabilitados por obra y gracia de viejos y curtidos especialistas como Paco Ardura o Rafael Molina. Pero allí, el eco de voces pasadas, tan sordo como el crujir de la madera o el vaivén chirriante de sus puertas, transmitía una nostalgia fantasmagórica. Rastreé a pie algunos de los desolados parajes, ramblas, desfiladeros e incluso dunas de la geografía hispana por donde transcurrieron aquellas emocionantes galopadas, adornadas por el énfasis musical de Ennio Morricone, en busca de vestigios de antiguos ranchos, fuertes o minas abandonadas, pero entre la ventisca encontré ruinas y, en el peor de los casos, una magnificente soledad. E intenté capturar encuadres, localizaciones y realizar comparativas de escarpados perfiles paisajísticos mudados por la desgaste del tiempo (emulando -dicho sea de paso- la pericia de Carlo Gaberscek), aunque sólo alcanzara a ver y reconocer cuando cerraba los ojos. Y lejos de estar vacío en espíritu por tan sutiles hallazgos, me propuse -costase lo que costase- averiguar el paradero de aquellos héroes impertérritos y villanos despiadados que en algún momento, por exigencias del guión, tuvieron que abandonar aquel territorio, para colgar -como confesara Robert Hundar- el cinturón y el Colt en un clavo cercano a la puerta de sus casas. Aquella generación maldita de actores de rostro y de raza. Y sí, aunque no eran pocos los que habían quedado ya en el camino -y no precisamente abatidos por las balas-, encontré a otros soportando el anonimato con frágil dignidad y con el consuelo de estar vivos, pero derrumbándose en gratitud ante la simple y sincera manifestación de admiración. Lamentando y maldiciendo los derroteros de una industria que les fue olvidando al dar la espalda a ese género en el que terminaron encasillados. Ni siquiera esa experiencia, que fue un auténtico descenso a los infiernos, resultó prosaica o decepcionante, pese a asistir a sus anécdotas adulteradas y olvidos no deliberados, a sus rencores y rivalidades no disimuladas, a sus achaques y cicatrices mal restañadas. La silicosis que arrastraría de su primera época de minero, nunca fue impedimento para que un septuagenario Frank Braña presumiera de sus 17 fracturas acumuladas por saltar del caballo y realizar acrobacias y machadas propias de un actor que siempre dio la cara al riesgo, a la profesión; sin embargo, la traiciones sufridas le devoraban el hígado cada mañana. Aquel universo en el que la ficción y la realidad estaban tan engarzadas, que resultaba en sus arrabales, en sus reliquias, entre bastidores tan desconcertante y decadente a la par que apasionante, era el Spaghetti Western en estado puro. Extinto pero presente. Contenía definitivamente una arrebatadora carga poética, más allá de lo que intuí al comienzo del camino, a la que no pude resistirme. Y según lo previsto, me entregué a ese intento particular de rehabilitación a través del relato de lo que fue, de lo que fueron y de lo que dejó en mí. No obstante, cuando ya, reconfortado por el esfuerzo, se imponía el regreso, en aquel rojizo atardecerde la última página, sentí que había tenido que pagar un precio, el de haber latido tan cerca: aquella emoción vibrante, ingenua, contagiosa y vital que para mí había destilado el western desde su ficción, terminó por transformarse en taciturna melancolía. Quizá también atendiendo a las mutaciones de un temperamento, el mío, cada vez más escéptico y reaccionario.
Pasados –como dije- dos años de aquella experiencia, tengo la fortuna de asistir como espectador de excepción, a esta nueva propuesta literaria de revisitación, que nos asalta con una consigna determinativa, “Vivo o muerto”. Un título que nos invita a frecuentar una vez más -desde la imaginación- aquella poética, a riesgo de hacernos partícipes de su decadencia y de una épica marcada por el exceso, la precariedad y el desafío de la existencia: Si estas vivo, dispara, de otra forma prepárate la tumba. “Vivo o muerto” proclama rotundamente, como en aquellos pasquines de SE BUSCA, la reivindicación de esta temática de la única forma posible, desde la dualidad de un universo primario y salvaje en el que todo se divide o se encuadra en dos categorías. Si a esos extremos añadimos algunos de los rasgos distintivos del temperamento latino, tales como la pasión o la venganza, estos cuentos del Spaghetti Western prometen acercarnos el aroma y la aventura de una frontera no muy lejana, sin dejar a nadie indiferente. Por experiencia sé que no es fácil evocar y recrear con palabras un mundo que apenas necesitaba de ellas, tan elocuente en sus primeros primerísimos planos, en su laconismo sentencioso, en su aridez, en su letárgica desolación. Pero, la prosa luminaria de esta obra coral nos concede nuevamente la magia de sus imágenes y de su iconografía, proponiéndonos diversos caminos a seguir más allá de la realidad (también con historias posibles detrás de las bambalinas). Un regalo, en fin, que incita a quienes dormitamos con el sombrero calado hasta las cejas, a alzar la mirada, con lánguida cadencia, hacia ese nostálgico horizonte por donde siempre se pone el sol.
Enviado por heathcliff el Monday, 23 February a las 06:55:21 (858 Lecturas)
(Leer más... | 23770 bytes más | Puntuación 0)
DE GRANUJILLA A MALHECHOR (Agustín Conchilla Márquez)
Invitado escribió "
DE GRANUJILLA
A
MALHECHOR
PRIMERA PARTE
AUTOR:
AGUSTÍN CONCHILLA MÁRQUEZ
[…]
I
Filiberto salió dicharachero, canturreando y de buen contento: en similitud a otros días… Sin embargo, a pie de acera agarró una piedra y la lanzó a un punto indeterminado: al tuntún, aunque con tan mala uva que los cristales del vehículo de un discapacitado cayeron fragmentados. Yo indiné ante tal agravio, incluso como persona mayor y también como padre, he de reconocer y reconozco que pasé por alto mi propia cordura humana... Y también sobrestimé el contenido textual que algunos legisladores plasmaren en tan impropio panfleto de la Ley del Menor. Llevado por la ira salí tras Filiberto, le alcancé, le agarré de un brazo y le pedí explicaciones por tan ingratos e indignos modales. Filiberto, en cambio, no apaciguó su estado colérico y encabritó, aún más: pataleó, giró de costado, atizó un puntapié a la rueda y zarandeó el triciclo cuyos cristales ya cayeron destrozados. En consecuencia, los cupones que portaba el discapacitado se desperdigaron por el viento, el hombre lloraba sin consuelo y yo enternecí tanto con aquél desdichado que arreé un azote a Filiberto. Aunque, ¡Dios de los cielos, de la tierra, de las camadas de buenos y malos lobos y también de los infiernos…! Mejor que no lo hubiese hecho… Desde entonces miro a mi alrededor y, aún creo ver que el sol de aquél día no salió para irradiar el contorno de la tierra que yo piso, excepto para abrasarme a mí, en triste calor de penuria. O quizá aquel día el sol estuviese alineado a un turbador nubarrón que lo cubriera por entero y... El caso es que a mí me dio poco calor y muy mala suerte; aunque más que mala suerte creo que me dio muy mala espina, la de la peor sardina que en raras ocasiones se come a uno... En el mismo instante de castigar a Filiberto con un simple y espontáneo azote en el robusto trasero, por casualidad del destino, a saber, a nosotros nos sobrepasaba una patrulla de la policía nacional; los agentes ejecutaron un brusco frenazo, bajaron con pistola en mano y ante los lacrimosos ojos del discapacitado, sin pestañear siquiera, a mí me lanzaron contra el triciclo cuyos cristales ya fueran destrozados por la maldad y por la inercia de la piedra que lanzase Filiberto. Los agentes me cachearon, sujetaron mis muñecas a la espalda y las unieron con grilletes. En aquel momento sentí centenares de miradas vecinales y de transeúntes que, aunque no sabían el porqué, a mí ya me habían sentenciado bajo acusación de no sé cuántos delitos o ultrajes que presuntamente cometiera a mi libre albedrío y los vertiera sobre el conjunto de la ciudadanía. Aunque la verdad es distinta; muy distinta: yo jamás me entrometí en los asuntos del vecindario, ni hice daño o mal a nadie. Si bien, la vida enseña más que don Cipriano Tostones, en el cuartucho de la academia que a diario usa para impartir clase de dieciocho a veinte horas. Aunque lo peor, quizá, o a lo que no di mayor importancia; o lo que no llegué a ver; o lo que no supe cortar a tiempo, pudiera ser que Filiberto había nacido con el San Benito acuestas. A los cinco años ya imponía su voluntad: a las puertas del colegio exigía cien pesetas a su madre o en su defecto pataleaba y se negaba a entrar en clase. Isabel irritaba pero el niño seguía en sus trece, el autobús que a ella debería llevar al trabajo no esperaba e Isabel cedía o no llegaba a su destino. En cambio, cuando ocasionalmente me tocaba a mí reconducir a Filiberto, conmigo también intentaba tan hábil maniobra persuasiva, aunque por el gesto y la mirada de autoridad paternal que yo le dirigía, Filiberto resignaba, encarrilaba y cabizbajo y sin un duro ocupaba sitio en la fila del alumnado. Con todo, los años no han pasado en vano y Filiberto ha aunado la rebeldía a la inteligencia y la picardía más superdotada. Incluso, a estas alturas, yo diría que Filiberto conoce sus derechos mejor que cualquier obligación y sabe que una llamada al Centro de Atención al Menor coactiva mi autoridad y me colma de interrogantes... Yo debo andarme con pies de plomo antes de reprimir a mi hijo; o reñirle por tales o cuáles actos. Sin embargo, en la intimidad me desahogo con Isabel. Isabel es mi esposa y la madre de mis hijos; en ella deposité la semilla del amor que a buen fruto y a mayor esperanza, día a día y mes a mes fecundaría entre sonrisas y algarabías. Isabel les trajo a la vida con cariño y alevosía de niños deseados. Ahora, en cambio, en la adolescencia soporta el crudo dialecto de los chavales cuando entre la niñez y la pubertad cabalgan en busca de una formación, un carácter, una educación, una personalidad o un simple hueco en la sociedad. Sin embargo, a veces yo me amparo en el amor que proceso a Isabel para exponerle el sufrimiento que los padres padecemos cuando nos sentimos vetados en lo esencial, y por la propia administración del estado. Administración que a nuestro juicio: el de unos padres atormentados, debería acapararnos en su seno y apoyarnos en beneficio de la familia y del conjunto de la sociedad. Nosotros nos creemos padres en total normalidad social, aunque algo desafortunados ante el brutal comportamiento de un hijo con claros síntomas de in convivencia social y alto comportamiento irracional. Pero aun así, y, a pesar de mi dolor, también en su cara, en la de Isabel, veo las curvas de la sinrazón. Y también la huella de la impotencia y la insatisfacción…
"
Enviado por heathcliff el Saturday, 01 November a las 18:48:47 (646 Lecturas)
(Leer más... | 6492 bytes más | Puntuación 0)
CUMBRE DE ÁGUILAS 2 parte (Agustín Conchilla Márquez)
Invitado escribió "CUMBRE DE ÁGUILAS NARRATIVA SEGUNDA PARTE Autor: Agustín Conchilla Márquez Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante. [...] I Torpedo llegó a casa, remojó el pelo, la cara y el cuello; agarró un peine de dilatadas púas, se peinó hacia la parte de atrás; abrió la puerta, avistó disconformidad con cielo entre turbador a grisáceo, cubrió el cuello con la solapa de la cazadora y salió más ligero que un murciélago del orificio de un poste. Pese a ello, y aunque salió más desaseado que el tejón en verano, sí evitó el chasquido de la puerta con cual eludir la riña, el reproche o la sinrazón. No obstante, y, a pesar de la evasiva, con cual distanciarse de Paula, a los vecinos y transeúntes que le salían al paso les dejaba claro que marchaba a la taberna del Tosco, regentada por Dionisio, El Manchego; donde se acomodó en la mesa del rincón y esperó a Lecherito; aunque Lecherito no se hizo esperar... Lecherito llegó tan requetelimpio como él, se colocó a su lado y aunque nada dijo, la tristeza que a ambos les causare la muerte de la fiel Estrellita crecería con la riña o el descontento que Lecherito también encontrara en la cara de Asunción. Quizá por ello, y por espacio de un rato se mantuvieron tan cerca y tan distantes que, aunque se miraban, lo hacían de soslayo, recelosos y en silencio... Claro que, eso sería hasta que de reojo vieran que por un costado se les acercaba El Tieso. El Tieso se les aproximaba tan insuperablemente peinado, sonriente y revestido que parecía la fotografía de un candidato a presidencia en pancarta de autonomía... —¿Queréis trifulcas? —dijo El Tieso a modo de saludo. —¡Trifulcas...! No sé… Torpedo, ¿te apetece? —preguntó Lecherito. —¡Hombre…! Aún me siento condolido, pero bueno, creo que porque haya muerto nuestra estimada Estrellita no habré de vestir luto ni colocarme el esmoquin: como hicieron los guardas, Miguelón, El Foca y Aristóteles, Barriga triste. Cuando se murió la suegra de don Luis, el boticario, al velatorio fueron tan pingüinos que en principio no les reconocieron. Bueno, no hasta que a Miguelón vieran rascando los bajos de la espalda... —¡Qué buenas piezas, tan propias e idénticas, aunque del mismo modo lo sean tan desiguales a las que tú acabas de nombrar, Torpedo! —dijo Lecherito. —Bueno, no creas que son tan desiguales: Barriga triste no se quedaba corto, ni mucho menos: en semejanza a Miguelón, llevaba los dedos a la nariz, manipulaba las fosas nasales, creaba pequeñas bolitas, las dejaba caer al suelo, las empujaba con la punta del zapato y las ocultaba en los bajos de féretro... ¿Es eso acaso lo qué queréis o lo qué os gustaría de mí, cochinadas, falsedad o parabién...? —¡No, hombre, yo...! —dudó Lecherito—. Bueno, vale; si os apetece vamos los tres. Pero eso sí, de antemano quiero y deseo dejar claro que con el vehículo no andaré por los caminos alquiler" href="http://www.cumbresborrascosas.net/" target="_self">rurales, y ni siquiera saldré de las callejuelas de Aldea Chica. —No te preocupes, iremos con la burra —dijo Torpedo. Lecherito asintió en silencio y entre chanzas y algarabías siguieron en la Taberna del Tosco hasta que cargaditos, con faz sonrosada y bien entrada la noche marcharían a sus respectivos hogares. Al siguiente día, en cambio, y aún de madrugada, se reunirían los tres a la salida de la aldea; donde a lomos de la burra, sobre la albarda, cargarían los arreos y las escopetas. Sin embargo, ya en trasiego, Lecherito caminaba más triste que la beata en procesión, aunque su tristeza quedaba lejos de cualquier seguimiento religioso y, cerca, muy cerca de la sinrazón, por aquello de que Asunción no aceptara esa otra salida furtiva, le riñera y una vez más le negara el revolcón y refunfuñara como gata siamés con el pelo erizado. Aunque Lecherito se hallaba acostumbrado al reproche, al rechazo, a la evasión o a la incomprensión y no por ello se disgustaba. Si bien, con las amenazas que en los últimos tiempos percibía y que Asunción enarbolaba como pendón a bandera hondeada por el viento, a Lecherito le corroía la incertidumbre y le torturaba en inseguridad crítico-local; además de la propia inestabilidad conyugal en que ello pudiera deparar… En los avatares de una aldea, la presunción e incertidumbre individual no habría de ser para menos, si Asunción cumplía las amenazas aflorarían las críticas con más resonancia que ya lo hicieran en verano, cuando alguna turista pasaba por Aldea Chica y vestía sensual o atrevida. Aunque el máximo esplendor de crítica local llegaría con injurioso lenguaje por indecente atrevimiento a destape femenino, en las cercanías de la alberca del hortelano. Por tal motivo, a las atrevidas, aunque decentes, las propias lugareñas o aldeanas las tachaban de calentonas verbeneras y rasca lomos en troncos salientes; además añadían aquello de pendones de pronta encendida a expansión yesquera o a celeridad de llueca en nido de huevos vanos... A veces incluso, en semejanza calificativa le añadían aquello de gallina ardiente, desplumada o sin alas para el vuelo; además de presumida en ronroneo de rápida sumisión para entrega al canto del gallo. O seguían con aquello de conejita de amago resurgir, provocadora y carente de olfato ante los morros del hambriento zorro... Y nada he de decir si por > o por > a las turistas, en fechas estivales, se les ocurría aquello de tomar el sol en tanguita de poco o menos tape; o en semi-bolas (top-lees) ¡Dios de las aldeas, de las albercas, de los cortijos, de los ríos y de los pueblos de mi Andalucía...! Aunque lo peor para la mentalidad de Lecherito pudiera radicar en el presunto escándalo-crítico-local. Si Asunción cumplía las amenazas podría desatar tortuosos rumores, blasfemias o críticas, incluso injurias que distraerían a parlantes de tertulias y a él lo llevarían a la intimidad de sus hogares como instrumento de indecencia: como ya hicieran con el señor Alfredo, el hortelano, que previo pago de tres duros y bajo promesa de respeto e higiene a las aguas de la alberca y a las hortalizas, a las turistas dejaría tomar el sol en bragas y sujetador… Aquello, sin embargo, andaba mal, muy mal visto e indecoroso en la mentalidad de las mujeres del lugar, aunque los picarescos ojos de aldeanos se abrían de par en par, dilataban las pupilas o las giraban como la lechuza en seguimiento del ratón… No obstante, con aquello agudizarían las críticas en las callejuelas de Aldea Chica y salpicarían comentarios e incertidumbres que serpentearían como aguas de tormentas por campos labrados y aún podrían causar mayor escandalizar… —¿Qué te pasa? —preguntó El Tieso. —A mí... Nada, nada —respondió Lecherito. Y cabizbajos seguían tras los pasos de la burra. Ella, en cambio, les recompensaba con el levantar del rabo, unas decenas de boñigas y maloliente pedorrera. —¡Si te arreo un puntapié vas a pedorrear al pájaro que no vuela! —gritó Lecherito a la burra. Torpedo soltó la carcajada, El Tieso le imitó y siguieron con la intriga. —Bueno, Lecherito —reanudó El Tieso—, el caso es que me pareció verte triste y... —¡Será cosa del vino...! Anoche nos pasamos un rato y, bueno, a lo que vamos: ¿os parece bien que dejemos la burra en Arroyo Turbio y entremos a pie, por la Umbría del Lobo? —A mí me da igual —dijo Torpedo—, cuando salgo de mi casa para mí todo el monte es de orégano. —¿Y tú, Tieso? ¿Qué opinas? —Lo mismo que Torpedo; fuera de mi casa todo me da igual; incluida la panza de Aristóteles, Barriga triste, o el abultado cuello de Miguelón, El Foca; o la fantochada figura de Luciano Rodríguez, el presidente de todas y cada una de las asociaciones locales y vecinales de caza, pesca, flora, hermandades religiosas, cooperativas agrícolas… —¡A esos ni mentarlos...! —advirtió Lecherito—. Aunque si los dos estáis de acuerdo dejamos la burra en Arroyo Turbio, cruzamos el río, entramos por la senda que serpentea la colina de Mata Puercos y llegamos hasta la Umbría del Lobo. Torpedo y El Tieso parecían conformes, aunque Lecherito seguía cabizbajo, tras los pasos de la burra, y de vez en cuando levantaba la cabeza para mirarle el rabo, por si acaso... En cambio, la burra de animal tenía el nombre, y a la primera advertencia de Lecherito entendió la riña o no tuvo más necesidad de evacuar excrementos y ventosidades… Aun así, Lecherito adelantó unos pasos, le agarró la punta de la oreja y casi al tacto con el vello, dijo: —¡Más te vale…! ¡Si me vuelves a pedorrear...!
Enviado por heathcliff el Saturday, 01 November a las 18:48:24 (651 Lecturas)
(Leer más... | 10131 bytes más | Puntuación 0)
CUMBRE DE ÁGUILAS 1º PARTE (Agustín Conchilla Márquez)
Invitado escribió "CUMBRE DE ÁGUILAS
NARRATIVA
PRIMERA PARTE
Autor:
Agustín Conchilla Márquez
Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante.
[...]
I
Cipriano salía temprano, giraba en la esquina de la calle Benjamín y se desperezaba mientras paseaba entre jardines de la pequeña iglesia de Aldea Chica. Parte de aquella iglesia quedaba resguardada de fríos, lluvias, nieves, rachas de viento o excesiva calina por un arcaico revestimiento de madera, cañas, barro y tejas de canalillo, a estilo árabe. Revestimiento que tiempo atrás sirviera de protección y guarida a los rebaños, propiedad de una casa señorial de la época, cuya procedencia data de la expulsión de almohades sobre tierras de al-Ándalus, y que aconteciese o iniciara su cabalgadura tras la famosa batalla de las Navas de Tolosa en 1212.
En premio a su ferviente cristianismo, encarnizada lucha, alto coraje, y en reparto de bienes incautados a los moros, junto a otras tierras y edificaciones, aquellas heredades serían otorgadas al abuelo del tatarabuelo del señorito Germán, quien altruistamente las ofrendaría al primer vicario que a falta de techo se atreviera a decir misa bajo las ramas de un almendro floreado, alumbrado por dos antorchas y un sinfín de estrellas en el firmamento. Aquel rústico cachivache, sin embargo, cambiaría de apariencia en tiempos de prosperidad eclesiástica; a excepción de una pequeña parte que mantendría esplendor de origen y el vaticano conservaría como la más valiosa reliquia del pasado. No obstante, para que los aldeanos venerasen la simbología de posteriores efigies, provenientes de beneficencias, donaciones o sacrificios, aún de alba, Cipriano, el sacristán, alineaba medio centenar de banquetas, prendía cirios, repasaba pinturas, efigies o litografías y se acomodaba en la poltrona del altar. Desde aquella cómoda postura inclinaba la cabeza ante la Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, oteaba en su entorno y buscaba posibles desperfectos, descolocaciones o anomalías; aunque pocos recovecos más encontraba, excepto el del pilón de agua bendita cuyo nivel revisaba a diario. Agua que él mismo purificada y antes de marchar a la cama dejaba tapadita en un cofre dorado: un cofre bañado a imitación a oro, sobre el que mimosamente dejaba caer el paño de encaje que Adela, la beata de los Mendoza, en tardes de ocio y buena gana elaborase a mano, sobre aguja de ganchillo y para conservar la pureza que don Julián otorgase al contenido del recipiente.
Sin embargo, no por vulgar o iglesia manifiestamente pobre, la capilla o su pilón dejarían de venerarse en la dignidad de grandeza de un lecho sagrado. Para ello, cantidad de fieles y habitantes, asistentes y curiosos consideraban aquella estancia y el líquido que don Julián purificaba tan bendito como agua de pila bautismal. Incluso la igualaban a las aguas de aquellas que en domingos y festivos, presuntamente recibieran las cabezas de niñas y niños en la pila bautismal de la catedral de Sevilla. O la asemejaban a la del pilón que presuponían sobre alzapiés de piedra tallada, de mármol o granito, en la mismísima catedral de Granada.
Los habitantes de Aldea Chica, en cambio, ahuecaban la mano, la introducían en un pilón de nadería: elevado sobre alzapiés de madera perfeccionada; untaban la punta de los dedos, inclinaban la rodilla y se santiguaban para la plegaria o la pasión espiritual que, una vez más, como todos los domingos acontecería en la pequeña iglesia de Aldea Chica.
En el recinto religioso se aglutinaban decenas de aldeanas y aldeanos, escuchaban la misa de absolución por los pecados, atendían las necesidades del cepillo, escuchaban al párroco y un alto número de fieles, en familiaridad cristiana tomaban la eucaristía. Pese a ello, en transcurso ceremonial don Julián vociferó como gallo de corral, amenazó con castigo divino, tarareó como grajilla aupada en la rama de una encina; encapotó como un búho al acecho del ratón y dirigió la mirada al frente, al vacío, donde por espacio de interminables segundos la mantuvo quieta o perdida en las figuradas y presuntuosas tinieblas del mismísimo más allá… Pese a ello, tras aquel repentino lapso, en abrir y cerrar de ojos pestañeó, giró la cabeza, depositó la vista en el escote y en la minifalda de una feligresa y, añadió: <>. Los feligreses cruzaban las miradas entre sí, y susceptibles ante lo inmoral o pecaminoso intentaban comprender el porqué de aquellas desentonadas palabras que a diestro y siniestro les lanzaba don Julián entre huecas y lejanas resonancias del templo. En consecuencia, y aunque los feligreses intercambiaban fugaces y furtivas miradas, como no encontraban anormalidad pestañeaban bajo incredulidad o desazón y amodorraban como las ovejas sorprendidas por una oleada de alta temperatura estival.
En cambio, cuando las feligresas y los feligreses menos lo esperaban, don Julián cesó en dialecto de embestida a la inmoralidad y en símbolo de súplica, de rezo o en busca de perdón ajeno y pecador o del más allá, abrió los brazos y reflexivo perdió la mirada en las pinturas de la bóveda…
Por aquel desvarío le creyeron los feligreses altamente pensativo y relajado. Sin embargo, don Julián irguió su estampa en menos que canta el gallo, giró en redondo, bamboleó la túnica como guardia civil en desfile de conmemoración y bajó los peldaños del altar más erguido que un pendón ondeando la bandera republicana: con la mirada al frente, las manos unidas y los pulgares sobre la barbilla. Don Julián, sin embargo, se detuvo en seguida, en seco y a pocos pasos del altar: a la altura del tercer banco giró de sopetón, agarró por un brazo a la señora Asunción -cuya notoriedad femenina y de joven agraciada resaltaba por la cima de las vestiduras- y sin saludo, comprensión o explicación la dirigió y la encaminó hacia la puerta de salida. Asunción no entendía ni comprendía el mal o la razón, aunque mientras don Julián la dirigía, ella percibía indecorosas miradas de fieles que a sí mismas se presuponían en dignidad de bienaventuradas. Asunción salió de aquel recinto que algunos ciudadanos, incluso ella misma, de vez en cuando llamaban sagrado. Y salió tan turbada y ruborizada que su cara enrojeció casi tanto como cuando en romería usaba coloretes para buscar ardiente entonación facial. En tal estupor alcanzó la calle tan desolada, tan avergonzada y tan baja de aliento que bajo aquella desdicha de resignación dirigió la mirada al cielo, manoteó y, dijo:
—Dios de todos y cada uno de nosotros; creador del mundo, de los muertos, de los vivos, de las cosas, de los casos y de su entorno. ¿Señor, si tú eres el padre de mi Señor Jesucristo, también de mi hermano, padre mío, de mi marido y de mi hijo, dime por qué dejas que tu representante en la tierra, en la iglesia y en la aldea, don Julián, el cura, sea tan torpe, tan confuso y tan demente o vano e incomprensivo con los hábitos y las necesidades de sus hermanos y de tus hijos?
Los ojos de Asunción chispeaban de fulgor mientras permanecían a la espera de algo: una respuesta, un rayo de luz o aliento a la razón de la fe, de la esperanza y la comprensión humana. No obstante, al no obtenerla zarandeó la cabeza, guiñó el labio, absorbió la mucosidad y emprendió camino. Meditativa, cabizbaja, en silencio y con semblante pálido y preocupado avanzaba sin ton ni son. Pero así, en cabizbajo, triste y en solitario cruzaba los jardines por el paso de la fuente cuando de súbito o de sopetón se vio reflejada y se detuvo junto a las aguas embalsadas. Asunción limpió unas lágrimas, fisgoneó los pececitos de colores, la ciénaga del fondo, la pequeña serpiente que tímida y temerosa de imprevisible emboscada avanzaba en diagonal, agitaba la lengua y junto a la pared interior buscaba el tranquilizador resquicio de la superficie. Con aquella imagen Asunción perdió el norte, el malhumor y el recuerdo a la sinrazón. Ahora, en cambio, aún con la sonrisa desfigurada observaba aquellos prodigios de la naturaleza, acarició la barbilla y por espacio de imprecisos segundos se mantuvo quieta, en pensativo. Aunque de súbito desperezó y siguió visualizando el deslizar de los renacuajos, el embarrancamiento de sanguijuelas en el fondo del embalse y las ondulaciones sobre el perímetro al máximo nivel. En aquel ir y devenir también se entretenía en visualizar diversidad de insectos acuáticos que como aeroplanos en aeródromo aterrizaban sobre la superficie, y agitaban, aún más, las pequeñas olas que iban y venían como si anduviesen atraídas por un encantamiento celestial. Después seguía visualizando el revolotear de preciosas abejas y peligrosas avispas y a toda ella la recorría tal escalofrío que cruzó los brazos sobre sus propios pectorales, los acarició y masculló algo inusual.
Mientras tanto, palomas, vencejos, golondrinas y gorriones revoloteaban sobre su entorno, como atraídas por una corona de laureles que vitorea conquista de nueva fortaleza. Incluso dóciles y románticas palomas y apacibles gorriones aterrizaban a sus pies y la saludaban con arrumacos de ternura, galantería, compasión, comprensión o necesidad: a la espera de pipas, maíz, grano o molla de pan, a cuales andaban tan habituados. Aunque ella, Asunción, iba tan afligida, confusa y acalorada que ni ganas le quedaban para guiñadas, arrojes ni sonrisas.
Asunción llegó a casa tan pálida, tan malhumorada y con el rostro tan abucheado que Lecherito intuyó anomalía. Aunque Lecherito era astuto como el viejo zorro y la observaba en silencio y de soslayo… Sin embargo, tan risueño como irónico, en abrir y cerrar de ojos gesticuló los labios, mordisqueó el interior-inferior, chasqueó la lengua, le guiñó un ojo y esperó a tal o cuál evento. Asunción, en cambio, amodorró aún más, aunque en breve tomaría aliento y entre sollozos y profundos suspiros se dispondría para narrarle el motivo de su tormento.
—Cariño, no sufras por tal o cuál evento —dijo Lecherito al corriente del suceso—. El cura puede decir misa e imponer su voluntad. Para eso es cura y dueño de su parcela; aunque mi amor, qué quieres que yo le añada al tormento de mujer ultrajada si soy como los del dicho popular que piensan y argumentan que cuanto se hayan de comer los gusanos, antes que lo disfruten los humanos…
¿Todavía no tienes una cuenta? Puedes crearte una. Como usuario registrado tendrás ventajas como seleccionar la apariencia de la página, configurar los comentarios y enviar los comentarios con tu nombre.
PARA REFLEXIONAR
»Si le pides ayuda a alguien, no sabrás ver el error.
Esta web de comentarios y material sobre libros es una actividad patrocinada por Cumbres Borrascosas, y Depension, Brañuelas, León.
El patrocinador es patrocinador, pero no propietario, ni responsable, ni jefe, gurú, guía, director, promotor, webmaster ni capataz.
Esta web es un espacio libre, entendido como lugar al que acuden personas, en el estricto sentido de la palanra, con un interés común.
Cada cual diga y opine lo que buenamente le venga en gana y se haga de ello responsable.
No estamos de acuerdo con lo que dice nadie. No nos sumamos a ninguna opinión. No refrendamos ni apoyamos nada. No nos solidarizamos con nada. No secundamos a nadie.
Lo que diga quien sea nos la bufa, y allá él.
Rogamos a los usuarios que si ponen algo aquí copiado de otra parte digan al menos de dónde lo sacaron.
A quien quiera copiar algo de aquí para ponerlo en otro lado le pedimos otro tanto.
Por lo demás, cada cual es dueño de lo suyo y Dios del conjunto. Si no existiera Dios, al carajo con todo.